Columna

CARTA AL GOBERNADOR CUAUHTÉMOC BLANCO BRAVO

A pesar de las inmensurables dudas y diferencias que usted y yo tenemos, ayer mientras descansaba en el lado más positivo de mi almohada encontré algo en común entre usted y yo: usted y yo no somos oriundos de Morelos, usted es orgullosamente chilango (Ciudad de México) y yo soy orgullosamente hidrocálido (Aguascalientes).

Así es, mi madre adoptiva es Morelos y la amo desde que puse un pie en ella. En Morelos aprendí el valor del esfuerzo, de la persistencia y del trabajo; Morelos me enamoró entre tacos acorazados, atardeceres, primaveras, cultura y sobre todo, entre gente de bien y su curioso “si, pues”.

Once años son los que llevo aquí y sin duda alguna mi mejor decisión siempre será haberme mudado a este hermoso, pero muy lastimado estado.

Siendo honestos, no me sorprendió “la madriza” histórica con más del 51% de los votos a favor. Siempre supe que ganaría por dos cosas; la primera, usted es un valioso ícono de la única cosa capaz de compararse con la religión para muchos en México: el fútbol y la segunda, el hartazgo y el mal humor social de todos los morelenses, tras el sexenio de una de las personas más antagónicas en la política del estado: Graco Ramírez Abreu.

Inclusive, hábilmente uno de los pilares fuertes de tu campaña fue la promesa de enjuiciar al exgobernador, misma que espero no termine en el fondo del pozo, donde se ahogan las promesas de campaña olvidadas.

No me tome como un opositor, no lo soy. Soy algo más objetivo que eso, porque desde pequeño me enseñaron a ponerme de pie para aplaudir lo que se hace bien y a inconformarme de manera rotunda cuando el cinismo recorre la sangre de algún gobernante y comienza a trabajar con sus intereses en la mano y con los del estado guardados en un vitral que sólo se rompe “en casos de emergencia”.

Yo sé lo mucho que le han contado de lo mal que se encuentra Morelos, pero sólo se lo han contado sus asesores, en mi caso yo lo he vivido, he sido testigo de que la inseguridad se fortalece y el turismo se debilita, que él nepotismo brilla y la cultura y las artes morelenses se apagan, que subimos en feminicidios pero bajamos en salarios.

No es época de restar, estos 6 años son época de sembrar y que esas semillas representen un cambio, una mejora, un Morelos de realidad y no uno que se queda en los sueños; porque las buenas intenciones no son suficientes, los cambios necesitan siempre de la acción concreta.

Señor Gobernador no nos conocemos y probablemente si lo hiciéramos no simpatizaríamos, pero hoy dejaré a un lado el ego y el orgullo, hoy hablaré por las minorías, y quiero pedirle que trabaje y que lo haga bien.

Usted sabe lo que es ponerse la camiseta de un equipo, hoy le toca ponerse la de Morelos, pero ponérsela bien, porque aquí si las cosas van mal, no hay un fichaje a otro estado que lo solucione. No decepcione al morelense porque le aseguro que no son de los que se quedan callados.

Por lo pronto yo pondré de mi parte. Seré crítico y no criticón, estaré más informado, viviré al pie del cañón y tiene mi palabra que si hace algo bien y, a pesar de que es su trabajo, me voy a poner de pie y le voy a aplaudir; pero de igual manera si hace las cosa mal y se pasa al lado oscuro, también estaré ahí, junto con cientos de miles de morelenses y no está de más decirle que la sátira y el humor negro siempre estarán de lado del pueblo.