Columna

El crimen que conmocionó a México

Una llamada telefónica machó de sangre al Congreso de San Lázaro, el pasado 8 de noviembre de este año. Carmen Medel, legisladora por el partido Morena y originaria de Veracruz, recibió la noticia del asesinato de su hija, Valeria Cruz Medel de tan solo 22 años de edad, en plena sesión.

La joven estudiante de medicina fue acribillada por un sujeto que le disparó al menos 9 veces, al interior de un gimnasio en el municipio de Ciudad Mendoza.

En cuestión de minutos circuló en redes sociales el video del momento en el que la diputada fue notificada sobre lo acontecido mientras se desvanecía por algunos segundos y volvía en sí; su garganta solo podía emitir sollozos de profundo dolor que decían: ¡Mataron a mi niña!

“Valeria ha sido víctima del estado de violencia en el que vivimos en el país, debemos pacificar México”, fueron las palabras que Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa Directiva, pronunció al levantar la sesión, mientras el recinto Legislativo aclamaba justicia.

Con una eficiencia sorprendente y, a pocas horas del crimen, el gobernador Miguel Ángel Yunes informó que su muerte se debió  a una supuesta confusión; ya que tenía gran parecido a la pareja sentimental de un líder criminal y que asistía al mismo gimnasio que Valeria, quien era el verdadero objetivo.

Un sujeto apodado “El Richy”, señalado como el homicida, apareció sin vida al interior de una camioneta la misma noche de los hechos. Cinco personas más fueron detenidas y relacionadas con el homicidio.

Familiares y amigos velaron el cuerpo de Valeria en las aulas de la Universidad Veracruzana, misma que la vio caminar usando una bata blanca hacia un futuro prometedor. Quería ser médico, como su madre. Fue sepultada rodeada de condolencias de seres queridos, políticos y en medio de un fuerte despliegue de seguridad.

Cabe destacar que no es la primera vez que la familia Medel es víctima del crimen organizado, ya que la propia diputada fue privada de su libertad en el año 2016 por una banda dedicada al secuestro de médicos, misma que según las autoridades, fue desarticulada.

¿Por qué prestarle atención a este caso si en este país se cometen crímenes diariamente?

Primero, porque hay piezas clave en la resolución del caso, como la aparición de narcomantas supuestamente firmadas por el Cártel Jalisco Nueva Generación; en los estados de Veracruz y Oaxaca en las que se deslindan del asesinato de la joven y responsabilizan al gobierno de Yunes por la delincuencia que azota a la entidad. Los mensajes acusan al mandatario estatal de erradicar a gente del partido Morena, mismo que ayudó a Cuitláhuac García Jiménez a arrebatarle la gubernatura que lo sustituirá. ¿Coincidencia?

Segundo, porque parte importante de la opinión pública reprobó que algunos presentes, entre ellos la prensa, grabaron el momento en el que la diputada se enteró sobre la muerte de su hija, sin respetar la pena que estaba padeciendo. No soy partidaria de ocultar lo evidente, pero debemos de reconocer que la falta de tacto y ética profesional percibida en algunos medios de comunicación es una situación que transgrede los derechos humanos.

Tercero, porque cada vez se suman más víctimas de los daños colaterales por la lucha contra la delincuencia organizada en el país. Jóvenes matando jóvenes, enfilándose en el suicidio del narcotráfico. No olvidemos el caso de los tres estudiantes de cine asesinados en Jalisco en el pasado mes marzo.

Por último, la violencia está llegando a quienes eran “inalcanzables”; no bastarán las flores blancas que los diputados dejaron en el curul de su compañera por el luto que estaba viviendo. Se necesita justicia, de esa verdadera que pareciera que México jamás ha tenido.