Toque de queda

Mi bisabuela Soledad me narró en una ocasión una historia que particularmente me asombró. Me contó que en Michoacán, México, tierra en la que nació, hubo épocas muy violentas en las que las mujeres eran escondidas bajo tierra o encerradas para evitar que los hombres se las robaran.

En muchas ocasiones abusaban sexualmente de ellas como símbolo de poder, manifestado a través de su miembro viril; además, eran socialmente rechazadas. Esa práctica fue repetida en tiempos de guerra a lo largo de la historia.

Hace pocos días, Ana Miriam Ferráez Centeno, diputada del Congreso de Veracruz y líder de la Comisión para la Igualdad de Género, propuso una medida retrógrada como posible solución: “Un toque de queda para que las mujeres no salgan, que a partir de las 10 de la noche estén en casita con sus hijos, si puede ser mucho antes, mejor.” Las desafortunadas declaraciones provocaron indignación ante la evidente falta de sensibilidad respecto al tema.

El estado de Veracruz fue catalogado el año 2018 como el lugar más inseguro para las mujeres en el país. Los 111 feminicidios contabilizados en ese lapso respaldan el calificativo, a pesar de que desde hace dos años persiste una Alerta de Género en esa entidad.

Su plan pareciera igual o más absurdo que el haber invertido más de 11 millones de pesos en el año 2016, por el entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, en los polémicos “silbatos anti acoso” para usarse en el metro. Hasta la fecha las estadísticas demuestran que en el gobierno abundan las estrategias mal planeadas y ejecutadas porque la situación persiste y se ha agudizado.

Qué preocupante es reconocer que existen servidores públicos que no están capacitados para realizar políticas que protejan los derechos de las mujeres y, peor aún, que atenten contra el derecho a la libertad. Ni usar silbatos, ni encerrarnos hará que las agresiones paren en una sociedad poco educada en el buen trato y respeto.

No hemos de olvidar que esa estructura social a la que llamamos “hogar”, lugar en el que supuestamente deberíamos estar seguras, es la cuna de la violencia de género y machismo, de acuerdo con estudios recientes de la ONU Mujeres.

Se equivocó la diputada, todas las personas tenemos el derecho de transitar libremente por las calles a la hora que se nos plazca. No es nuestra culpa vivir en lugares en donde no se garantice la seguridad, aunque usted y muchos funcionarios incapaces sigan cobrando sus quincenas.

Hoy en día una guerra contra la violencia hacia las mujeres persiste, no con ejércitos, pero sí con amenazas latentes como el acoso, violaciones, maltrato, homicidios y demás agresiones que provocan que vivamos escondidas, sin estarlo literalmente.

Habrá que aplicar un “toque de queda” a lo que se expresa sin estar consciente de lo que se vive en lo terrenal, lejos de las alturas de su curul.

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