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Migrantes cuentan desventuras en libro.

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#SomosMigrantes #Morelos

Retratan la ciudad fronteriza en que confluyen la prostitución, el juego, la música, la droga y el desamparo; por primera vez se narra la pesadilla de la deportación.

Nadie me sabe dar razón. Tijuana: migración y memoria (Secretaría de Cultura/Instituto Nacional de Bellas Artes, 2016): manojo de crónicas que es resultado de un proyecto literario para trabajar con migrantes de Tijuana dentro del programa México, Cultura para la Armonía.

Invitación hecha a los escritores Ana Luisa Calvillo (Ciudad de México, 1970), Georgina Hidalgo Vivas (Ciudad de México, 1972), Leonardo Tarifeño (Argentina, 1967) y Emiliano Pérez Cruz (Ciudad de México, 1955) para que coordinaran talleres literarios en un sitio conocido como La Techumbre, plaza comunitaria a la que asisten migrantes en busca de actividades de música y arte popular de sus estados originarios: posibilidad de desarrollo de sus intereses creativos que se plasman en dibujos y textos literarios.

Noventa días de trabajo en contacto cercano con los migrantes, quienes relataron algunas de sus experiencias de la sinuosa travesía por conseguir el sueño americano.

“Tijuana es la esquina del país, la esquina de Latinoamérica, la ciudad de los migrantes”, apunta Roberto Castillo Udiarte en el texto introductorio de un cuaderno marcado por los azoros, los acechos, los sigilos, la pesadumbre, el dolor y la esperanza.

Pérez Cruz abre la contrapuerta de estas narraciones/crónicas con “¿Qué pasará con tantas personas al acecho?”: Salvador Alvarado –“alto, delgado aceitunado el rostro”—: fui sicario. Quiero ayuda y comprensión. Lo secunda Hidalgo Vivas: “Breakfast in Tijei”. Tijuana empieza a cobrarme su cuota de locura, apunta la periodista ante los personajes que la abordan: un interesado en los significados de los sueños, un vidente, un convencido de que todo está en La Biblia y una drogadicta que tienes planes de escribir su propio libro.

Tarifeño, “Ya no tengo a quien rendirle cuentas más que a Dios”: Nicolás M indica que amaneció un poco triste y no quiere entristecerse, Tomás Diéguez Parra despliega su historia de cómo fue deportado en 2009 a Nogales y Carlos Portillo describe la “profecía de Dios”. “Un paso en falso”, de Calvillo: el Chacal de Don Francisco deportado.

Más de 300 folios atiborrados de espejismos, heridas, deseos, ilusiones, remembranzas, anhelos y desvaríos. El lector tiene en sus manos un manual de adversidades y desamparos: ha sido tortuosa la ruta en busca del American dream.

Vuelta a los orígenes, regreso forzado de miles de seres humanos. “El gobierno mexicano no está preparado para el retorno de migrantes”, advierte Rodolfo Cruz Piñeiro en el ensayo que cierra el libro: “El cambio de paradigma migratorio”.

El Desayunador Salesiano del Padre Chava o el diván freudiano más aciago de la frontera norte de México. Se lo contó uno a Georgina Hidalgo Vivas: “Me estoy hundiendo en la bebida, no encuentro trabajo. Les pido que oren x mí para empezar una nueva vida y encontrar una mujer de verdad. Atte. J. C. A. Pidan x mí”. ¿Alguien sabrá dar razones?: pregunta que retumba cuando finalizamos la lectura de estos relatos ineludibles.

Acá anda el Chacal de Don Francisco, deportado

Petro de Jesús Valle

Fui el Chacal de la trompeta con Don Francisco en el programa Sábado gigante, de 1990 a 1993. Desde pequeño me dediqué al espectáculo. Todo se vino dando, aunque en un nivel modesto. Soy originario de Ameca, Jalisco. A los 13 años me contrataron como locutor de la radio local de Ameca, 1490 AM.

Tenía mi gracia para dar los anuncios. Mi mamáno quería que trabajara porque estaba muy chico, pero se fueron dando las cosas. Yo me divertía mucho. Al mismo tiempo estudiaba la secundaria y hacía artesanías en la Casa de Cultura: lámparas, floreros, barcos de madera…

Mi papá me llevó a Estados Unidos por primera vez a los 15 años de edad. Él estuvo trabajando allá en la época de los braceros. Era muy fácil cruzar.

Además, yo hablabla inglés; tenía mucha familia en el otro lado. De joven trabajé con un arquitecto que tenía un despacho en el pueblo. Me enseñó a hacer maquetas y a leer los planos de una casa. Yo estudié nada más hasta la preparatoria, pero empecé a hacer modelos de casas.

De ahí me nació la idea de hacer una ciudad en pequeño. En Los Ángeles hice otra miniatura “La ciudad de Petro” y gracias a las entrevistas que me hizo La Opinión empecé a trabajar en Broadway. Me hice muy famoso, todos me llamaban Petro, aunque mi nombre completo es Petronilo. Me invitaron al estreno de Telemundo en 1990.

Ellos necesitaban un personaje que llenara media hora…

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