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LA GOTA QUE DERRAMÓ EL VASO

El movimiento #MeTooMx cobró fuerza recientemente en redes sociales tras desatarse una ola de denuncias de personas que presuntamente habían sido abusadas por figuras de la industria cultural y social mexicana: artistas, escritores, músicos, creativos, entre otros.

León Larregui, vocalista de la banda Zoé; Efrén Barón, guitarrista de División Minúscula; Alex Otaola, guitarrista de Santa Sabina; son algunos de los señalados como supuestos agresores por el movimiento, mediante la cuenta de Twitter #MeTooMúsicosMexicanos.

Otro de los casos que ha enardecido la opinión pública ocurrió esta semana, luego de que una mujer denunciara de manera anónima que fue víctima de acoso por parte de Armando Vega-Gil, bajista y fundador del grupo Botellita de Jerez.

La víctima dijo que conoció a Vega-Gil en el Chopo en la Ciudad de México y que en dos ocasiones ella y su grupo de amigas fueron seducidas por el artista cuando tenían 13 años. En su texto expuso que en repetidas ocasiones le hizo comentarios sobre su físico y le envió mensajes con referencias sexuales.

Durante la madrugada del primero de abril Vega-Gil, bajista y fundador del grupo emitió un mensaje de despedida anunciando su suicidio en su cuenta de Twitter, tras la polémica generada luego de ser señalado como agresor.

Las redes sociales convulsionaron, ya que aparecieron comentarios que descalificaron las revelaciones de la mujer y la responsabilizaron por la muerte de Armando. Actualmente muchos de ellos exigen que se indague sobre las denuncias anónimas y se llegue al fondo de la situación, a pesar de que el también escritor pidió que “no se culpe a nadie de su muerte al ser un suicidio, una decisión voluntaria, consciente, libre y personal”

Otro sector pide no responsabilizar al movimiento #MeToo por un deceso, ya que lo ejemplifican como una negación histórica a la violencia contra la mujer y a su derecho de expresión; que ha sido invalidado por la sociedad durante décadas.

A la par del suicidio del músico, la página #MeTooMúsicosMexicanos se desactivó por algunas horas y poco tiempo después denunció que habían sido atacados por hackers como un supuesto intento de censura.

“Debo aclarar que mi muerte no es una confesión de culpabilidad, es una radical declaración de inocencia. Prefiero un final terrible que un terror sin final”, fue lo que publicó el músico de 64 años, quien a pesar de declararse inocente se disculpó con las personas a las que hizo sentirse agredidas en su vida, refiriéndose a las mujeres.

Asimismo, la cuenta emitió un comunicado en el que pidió a los medios no aprovecharse de la tragedia y reafirmaron su compromiso por continuar difundiendo casos de víctimas de abuso y violencia, y continuar fungiendo como una red de apoyo.

Ninguna persona merece ser violentada de la forma que sea, ni mucho menos ser revictimizada. Tampoco merecen morir por no haber recibido la atención oportuna, por ser portador de patrones machistas que generan violencia o por haber sido víctima de sus consecuencias.

Asusta el poco avance que hemos tenido como sociedad en salud mental y emocional, lo que ha provocado que mucha gente sin tratar lleve vidas cada vez más lastimadas, que ponen en peligro su bienestar y el de terceros.

El monstruo que nos acecha apareció nuevamente apoderándose de nuestras letras y bocas, generando juicios de valor y comentarios de odio para ambas partes de la historia. Esa fue la gota que derramó el vaso por la muerte de Armando Vega-Gil.

Por: Pamela Fernández Valencia