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MÁS BECARIOS, MENOS SICARIOS

México está plagado de violencia e inseguridad porque pareciera que los cárteles delictivos superan por mucho a las fuerzas políticas y de justicia de nuestro país, aunado a la tan arraigada corrupción que padecemos y que toma de rehenes a los más vulnerables.


Conocí a una mujer originaria del estado de Guerrero que tuvo que abandonar su tierra y mudarse a Morelos por ser víctima de violencia intrafamiliar, y lo más espantoso, porque sus pequeños hijos e hijas eran presa fácil para ser reclutados por narcotraficantes, para fungir como “halcones” o sicarios por unos cuantos pesos.


El hambre, la falta de oportunidades económicas y educativas; pero sobre todo, un Estado descontrolado, han provocado que cerca de 460 mil menores de edad trabajen para el narcotráfico, dato emitido por Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal.


Un nombre que se suma a la lista de esa cifra es Maximiliano Hernández, el joven de 22 años de edad que asesinó a los dos líderes sindicales en pleno centro de Cuernavaca, Morelos, y quien desde años atrás había registrado antecedentes penales por robo y posesión de drogas.


Su vida quedó expuesta morbosamente en redes sociales cuando circularon fotos de su perfil de Facebook el cual mostró fotografías del joven posando con armas. De acuerdo a la información de su cuenta había estudiado hasta la secundaria.


Recordemos también el caso de “El Ponchis”, el niño de 14 años de edad que fue detenido en el año 2010 que confesó haber iniciado como sicario desde los 12 y haber matado al menos a 4 personas. Su historia revela que sus padres estaban recluidos por varios delitos, por lo que Edgar nunca tuvo educación, ni mucho menos una familia.


La historia del “niño sicario” ocurrió durante el sexenio del ex presidente Felipe Calderón, a quien le atribuyen la llamada guerra contra el narcotráfico, de la que continuamos padeciendo los estragos hasta la fecha.

“Mientras más becarios habrán menos sicarios”, fue lo que dijo Calderón como una profecía al promover su programa de becas llamado “Síguele”, en el que regalaba escasos mil pesos bimestrales a las familias que recibían mensualmente menos de 5 salarios mínimos.


El esfuerzo ha sido poco o casi nulo en años consecuentes, pues las estadísticas marcan que se ha fallado en la construcción de un país pacífico; en donde niños, niñas y jóvenes puedan desarrollarse.


Eso mismo lo sabe el presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo que como un intento de solución creó el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, que promete hacer frente a la situación, brindando una beca mensual de 3 mil 600 pesos a jóvenes entre 18 a 29 años de edad, así como capacitación laboral.


Creo fervientemente que los jóvenes en nuestro país ni son flojos ni son “ninis”, simplemente carecen de oportunidades, y deben dejar de ser estigmatizados por ello. Sabemos que el contexto laboral es desfavorable para las nuevas generaciones por diversas irregularidades que el gobierno se ha comprometido a solucionar.

También refuerzo la idea de que la esperanza de acabar con estos males sociales recae en la herramienta más poderosa que un ser humano podría tener: la educación.


“Si se quiere acabar la guerra con otra guerra nunca se alcanzará la paz. El dinero gastado en tanques, armas y soldados se debe gastar en libros, lápices, escuelas y profesores”, fue lo que declaró la activista pakistaní Malala Yousafzai en defensa del derecho a la educación.


¿Qué hubiera pasado si ambos jóvenes morelenses y todos los demás que han optado por esa salida de la delincuencia hubieran tenido al menos una oportunidad? Quizá su historia habría sido diferente y jamás hubieran manchado sus manos.


Urge atender la situación, pero no sólo como dinero entregado mensualmente que funge como un curita al problema tan severo que tenemos, tampoco como una promesa de campaña más sin funcionar.


Por eso en el marco del Día del Estudiante, que se conmemoró ayer, citó la polémica frase del ex mandatario panista como una respuesta tan evidente contra la realidad que está aniquilando los sueños y oportunidades de los jóvenes: “más becarios, menos sicarios”.