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SECRETO A VOCES

Más de 800 personas marcharon esta semana en memoria de Vanessa, una joven de 22 años de edad estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de México, quien fue ultrajada y asesinada por el conductor de una ruta 85 en Ozumba, Estado de México.

De acuerdo con las investigaciones, salió el pasado 1 de febrero del municipio de Cuautla siendo la única pasajera que abordó esa noche el transporte, horas después su cuerpo fue localizado. Tras rastrear el vehículo en el que se había subido, que pertenecía a un sujeto apodado “El Turbo”, le capturaron y presentaron ante el Ministerio Público.

“Queremos ser graduadas, no sepultadas”, fueron los gritos de sus compañeras al exigir justicia por el asesinato de Vanessa; otra víctima en la lista de los más de 28 feminicidios que se han contabilizado en lo que va del año.

Brutal, es la realidad que actualmente vivimos, no hay día en el que las redes sociales no compartan mensajes de alerta para las mujeres, de casos en los que han intentado o sido violentadas de alguna manera.

El caso más reciente fue el presunto intento de secuestro a una estudiante de la escuela de Técnicos Laboratoristas de la UAEM en Cuernavaca, quien declaró después que varios sujetos intentaron subirla a un taxi al mediodía del jueves pasado.

A pesar de todos los pronunciamientos sobre la inseguridad, que cada vez toman más fuerza, el Fiscal General del Estado, Uriel Carmona Gándara, heredado por la pasada administración de Graco Ramírez, calificó como una “psicosis colectiva” lo que vive la sociedad. Además, argumentó que el 80% de las desapariciones de jóvenes son de manera voluntaria, negando que se trate de hechos generados por la delincuencia organizada.

Lo más terrible es que no está a nuestro alcance la información sobre lo que verdaderamente está pasando, no sabemos la magnitud del monstruo al que nos enfrentamos. Pareciera que el problema se ha salido de las manos para el Estado y que lo único que está haciendo es ocultar los crímenes contra las mujeres, realizados a manos de la delincuencia organizada.

Sin embargo, y ante toda esta oscuridad, se han tejido cadenas de apoyo entre las propias personas que ofrecen su casa como refugio para quien se sienta en peligro; así también lo hizo la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados en Morelos (CANIRAC) y otras organizaciones empresariales al abrir las puertas de sus establecimientos afiliados para las mujeres que lo requieran.

Nos están matando y no es un secreto a voces, es una verdad que se unirá como un sólo grito en las calles de Cuernavaca el próximo 17 de febrero, en una marcha en la que todos aquellos que buscamos justicia por nuestras hermanas asesinadas estaremos presentes.

Pamela Fernández Valencia